Gravedad
Caminaba por una calle desierta que parecía formar parte de las entrañas de algún ser gigante. Mientras lo hacía, pensaba en la procedencia de la alineación, de la dicotomía vital que existe en los seres humanos entre lo que parece propio y lo que parece ajeno, en la lucha entre esas partes y el significado de ese parecer en contraposición al ser... Cuando noté el golpe de la señal contra mi hombro, me percaté de que una de esas partes de mí estaba, o parecía estar, en el mundo real... quizás fuera cierto o quizás no.
La dicotomía se multiplicaba ahora por sí misma y ya tenía cuatro brazos... salvo que fueran los dos anteriores los que lo parecieran... Al dar la vuelta a la esquina hacia el número 55, pensé en los años que habrían pasado para los muros de aquellas antiguas casas ahora coloreadas... en cómo la materia que las forma se había juntado aleatoriamente en medio de un espacio infinito cuya única fuerza y objetivo era procurar la unión gravitatoria de sus piezas... Pensé un poco más en cómo esa materia que vagaba perdidamente por un universo absurdamente gigantesco, quizás infinito, se iba aglomerando fortuitamente gracias a esa fuerza, en medio de otras aglomeraciones mayores y menores de materia tan aterrada como ella, hasta terminar constituyendo una mole en un futuro azul y vivienda de interrogativos seres... Imaginé el abrasivo interior de este enorme lugar, en el que durante miles de millones de años dicha materia estaría fluyendo caótica y convectivamente en su interior hasta que, de manera azarosa, saliera despedida al exterior en forma de una inmensa multitud de chorros que se agrupan y condensan entre sí de modo nuevamente aleatorio. Pensé en la inmensidad de este proceso, del espacio, del tiempo, en la ridiculez de cada una de esas rocas, en la historia descomunal que albergaban, y en lo irrisorio de la probabilidad de que se encuentren en el mismo muro de aquella casa, de que sean testigos comunes de las vidas que también fortuitamente se habían encontrado fuera y dentro de esos muros...
Lloré por un instante... Y continué mi camino, dicotómico o no, dentro de las entrañas de aquel ser que pertenecía quizás más a su contenido que a su continente, y terminé sonriendo y sintiéndome profundamente afortunado. Ahora lo entendía todo, solo una cosa importaba, sólo una cosa podía ser sin duda real... y era lo que sentíamos.
La gravedad como guía, al igual que los 14000 millones de años anteriores...
(escrito en la T2 de Barajas, quizás de vuelta de un viaje...)
