Almendra...

Aquel almendro habitaba la colina desde hacía ya muchos años... Desde el principio, había desarrollado unas fuertes raíces que le permitían sustentarse con firmeza en medio de la ladera que un día lo había visto caer en forma de almendra... Esas raíces le permitieron crecer con fuerza y vigor, amoldándose a la perfección a las características topográficas y ambientales en las que le había tocado vivir, de forma que pudo tomar algún tipo de consciencia plena y libre de su realidad desde la perspectiva de los años y el vigor juvenil...
Un buen día, en sus ramas empezaron a aparecer unos bulbos blancuzcos que anticipaban la vida que estaba a punto de recorrerlo con fuerza. Su aspecto parecía mostrar una felicidad sorda como nunca recordaba haber evidenciado, y que pronto se tradujo en un aura levemente rosada... Todo cuanto tenía dentro estaba mostrado sin complejos ni miedo, simplemente siguiendo el curso de su propia naturaleza.
Un tiempo después empezaron a caer poco a poco sus frutos, formando una alfombra marrón a su alrededor que se deformaba por la pendiente de la colina. A medida que aquellos se abrían, se daba la extraña circunstancia de que la hierba que estaba próxima a ellos desaparecía por alguna razón.. como si de algún veneno se tratara... De hecho, ninguna de aquellas almendras llegó a echar raíz para convertirse en un majestuoso árbol, lo cual de alguna manera pareció notarse poco a poco en el aspecto del almendro... como si quizás fuera consciente de ello... Algo ajeno a su voluntad y naturaleza parecía haber sucedido, algo grave que se palpaba en el ambiente de la colina, desde entonces enrarecido...
Con el paso del tiempo, el color de sus hojas se fue tornando poco a poco más oscuro y las ramas parecían haber detenido su crecimiento. Algo maligno estaba acabando con su fuerza y vitalidad: con su vida... En la siguiente temporada, sus flores no tenían la luminosidad de antaño ni terminaban de abrirse como su esencia lo requería.. simplemente parecían estar.
La mayoría de ellas no llegaron a fructificar nunca y se limitaron a formar una alfombra grisacea que el viento se llevaría en cuestión de días... Pero hubo una que sí lo hizo...
Desde lejos podía verse como si se tratara de una diminuta mancha en una de las ramas, al resguardo del viento y otras inclemencias, casi tocando una zona de color más intenso del tronco... Allí se mantuvo imperturbable hasta que un día cayó y corrió varios metros colina abajo hasta quedar detenida contra una roca, en medio de la hierba baja. El agua de las primeras lluvias fue arrastrando progresivamente la tierra hacia ambos lados de la roca y socavando un pequeño agujero en el cual se fue asentando el fruto con suma precisión... Y pronto comenzaron a verse los primeros filamentos blanquecinos que salían del interior de él buscando un lugar al cual asirse. Cada día más numerosos y gruesos, llegaron al punto en que por fin se hundieron lentamente pero sin descanso en la tierra, como antaño lo había hecho su injustamente maltratado antecesor en la misma colina y con la misma intensidad.
Pasado un tiempo, aquella almendra fue convirtiéndose poco a poco en un árbol fuerte y vigoroso, y con la peculiaridad de que se podía percibir en él una especie de extraña hendidura o cicatriz que se iba haciendo más y más patente a medida que se desarrollaba. Estaba en la zona central de su tronco, justo encima de esa parte de color más vivo que parecía una copia de la que lo había protegido cuando todavía colgaba de una rama...
ChM y LML paseaban de la mano por la zona aprovechando que los almendros estaban en flor.
- Oye, ¿te has fijado en lo que tiene ese árbol en el tronco?
- ¿En el qué?
- En esa especie de cicatriz que tie..
- Sisisisiis!!....... ME RECUERDA A... ALGO....
- Si.. y a mí... y no digo nada...
- Ni yo.......ejem.... ¿Has visto aquel almendro de allí arriba?
- ¿Cuál?... ¡ah, sí!, ¡¡es enorme!!
- Y deslumbrante...
- Aparte de parecerse a este otro, me recuerda a alguien... de la zona, vamos...
- Shhh.. voy a grabar mi inicial en él...
Cuenta la leyenda que esta almendra había fructificado gracias a un único grano de pólen que había viajado a través de la inmensidad atomsférica desde tierras frías y distantes hasta llegar allí... Los almendros no toleran bien el frío, y aquel, del cual procedía el grano, se encontraba debilitado en ese entorno un tanto hostil. Se cuenta que dicho árbol había desarrollado en un momento dado, y a través de un mecanismo todavía desconocido, una extraña forma en su tronco, como una cicatriz integrada en la corteza, y que al mismo tiempo había experimentado un repentino cambio interno que se traducía en una apariencia férrea e incluso desafiante.
Se dice que otro día ChM y LML paseaban por aquellas tierras frías escuchando el silencio de la montaña, cuando se percataron de un árbol blanquecino que destacaba al otro lado del valle que recorrían. Cuando llegaron hasta él, se sonrieron cómplicemente sin decir nada... mientras él escribía su inicial en aquel espléndido almendro...
La cicatriz era ¬ ...
